Fundación Lurgaia Fundazioa y el Ayuntamiento de Muxika en favor de los bosques locales.​

El Ayuntamiento de Muxika obtuvo una ayuda de conservación del Patrimonio Natural del Departamento de Desarrollo Económico, Sostenibilidad y Medio Ambiente para recuperar sus bosques.

Con esta ayuda ha decidido recuperar una parcela de 7 hectáreas de extensión que la Fundación Lurgaia Fundazioa tiene en el entorno del arroyo Urzelai, incluido dentro de Red Natura 2.000 y en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai.


Se trataba, como es habitual, de una zona dedicada durante años a la producción industrial, en este caso, de pinos, y que, a partir de ahora, se dedicará en exclusiva a conservación.


Debido a la envergadura del proyecto, hemos buscado la ayuda de Talaia, buenos conocedores y seguidores de nuestros criterios de restauración: máxima naturalidad y semilla local y que nos han provisto de la planta y han realizado la labor de plantación y protección de los ejemplares.

El proceso

Tras la corta y extracción de la madera, por parte del anterior propietario,  eliminamos las pistas que se utilizan para la saca, recuperando el perfil original del terreno. La profusión de pistas supone una grave afección para el suelo ya que alteran los cursos de agua y provocan una fuerte erosión. Así, recuperamos más superficie arbolada y devolvemos al paisaje su forma original. En total se han recuperado 1.407 metros de pistas.

El resto de trabajos se realizan por medios mecánicos y manuales para evitar más impactos en el terreno y para no provocar contaminación en la zona.

Los restos de corta se dejan sobre el terreno. Esto dificulta un poco los trabajos, pero merece la pena, ya que supone un aporte de nutrientes valiosísimo para todo el proceso.

Además, se han construido 7 charcas para favorecer la entrada de anfibios y, a su vez, de otra fauna asociada a ellos: aves, reptiles, insectos, etc.

Después, se plantaron los ejemplares de 1 o 2 años de diferentes especies de árboles y arbustos autóctonos de unas 25 especies, con garantía de origen local. Estas son las especies plantadas:


201 arces campestres (Acer campestre)
206 alisos (Alnus glutinosa)
100 madroños (Arbutus unedo)
400 abedules (Betula celtiberica)
99 castaños (Castanea sativa)
147 cornejos (Cornus sanguinea)
250 avellanos (Corylus avellana)
320 espinos albares (Crataegus monogyna)
81 boneteros (Eonymus europaeus)
50 hayas (Fagus sylvatica)
578 arraclanes (Frangula alnus)
282 fresnos (Fraxinus excelsior)
50 acebos (Ilex aquifolium)
100 laureles (Laurus nobilis)
100 manzanos silvestres (Malus sylvestris)
176 endrinos (Prunus spinosa)
168 cerezos (Prunus avium)
100 perales silvestres (Pyrus cordata)
1227 robles pedunculados (Quercus robur)
255 bardagueras (Salix atrocinerea)
25 sauces cabrunos (Salix caprea)
103 serbales de los cazadores (Sorbus aucuparia)
34 mostajos (Sorbus aria)
25 tejos (Taxus baccata)
44 tilos de hoja grande (Tilia platyphyllos)

En total se han recuperado 1.407 metros de pistas.

La utilización de semilla local garantiza la preservación de la riqueza genética de la zona y la mejor adaptación de las plantas al clima y el suelo propios, además de una mayor resistencia a posibles enfermedades.

Las zarzas, los helechos y otra vegetación pionera irán colonizando el suelo hasta que los árboles y arbustos sean capaces de generar sombra. Esta vegetación, igual que la madera muerta, proporcionará riqueza al ciclo de nutrientes y atraerá a insectos y aves. Es la sucesión ecológica.

Paulatinamente se irá dando paso a otra vegetación más típica del bosque y se establecerá un equilibrio hasta convertirse en bosque maduro. Y todo ello, solo con esta pequeña ayuda inicial.

Que algunos municipios vayan tomando conciencia de la importancia de conservar sus bosques es una gran noticia. Que lo hagan gracias a las ayudas de las instituciones, es aún mejor. Y que confíen en entidades conservacionistas para desarrollarlo es una buena opción. 

Sociedad civil y organismos públicos, trabajando por el futuro de nuestro medio natural.